En el mundo del comercio minorista de alto valor, el embalaje sirve como mucho más que un simple contenedor. Actúa como el 'apretón de manos' final de una venta y el primer punto de contacto físico de su relación continua con un cliente. Cuando un cliente recibe un pedido, la experiencia táctil de abrir la caja prepara el escenario para su percepción del producto que contiene.